Helena's profileCAMINO DE UTOPÍASPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
October 26 CUIDADO CON LA COCA-COLA ZERO
October 23 Del Imperio a la Comunidad de la TierraPor David Kolten. Fuente: revista Namasté
Nos enfrentamos a una elección entre dos modelos contrapuestos para organizar los asuntos humanos: El Imperio y la Comunidad de la Tierra. El Imperio organiza dominando a todos los niveles, desde las relaciones entre naciones hasta las relaciones entre miembros de las familias. El Imperio trae fortuna a unos pocos, condena a la mayoría a la miseria y servidumbre, elimina el potencial creativo de todos y se apropia de mucha de la riqueza de las sociedades humanas para mantener las instituciones de la dominación. La Comunidad de la Tierra, por contraste, se organiza a base de sociedades, da rienda suelta al potencial humano para la cooperación creativa, y comparte los recursos y excedentes para el bien de todos. Debemos hacer una elección para volver a aprender cómo vivir según estos principios. El Imperio ha llegado a los límites de la explotación que la gente y la Tierra son capaces de soportar. El montaje perfecto de una tormenta económica, nacida de una convergencia de la subida del petróleo, cambio climático y una economía americana desproporcionada, se conjuntan ahora para traer una reestructuración dramática a cada aspecto de la vida moderna. A pesar de ello, tenemos el poder de elegir si las consecuencias resultan en una crisis terminal o en una oportunidad épica. Según el historiador cultural, Raine Eisler, los primeros humanos evolucionaron dentro del marco cultural e institucional de la Comunidad de la Tierra. Se organizaron para cubrir sus necesidades cooperando con la vida en lugar de dominarla. Hace unos 5.000 años, comenzando en Mesopotamia, nuestros antepasados dieron un giro trágico de la Comunidad de la Tierra hacia el Imperio. Se opusieron a reverenciar el poder de vida generativa -representada por diosas o espíritus de la naturaleza- y optaron por reverenciar la jerarquía y el poder de la espada -representada por unos dioses normalmente distantes-. La primera forma institucional del Imperio ha ido cambiado de la ciudad-estado a la nación-estado, y, actualmente, a la corporación global, pero el patrón básico de dominación permanece. El sexismo, racismo, injusticia económica, la violencia y la destrucción medio ambiental, que han plagado la mayor parte de las sociedades humanas durante 5.000 años tienen éste origen común, que ahora nos ha traído al borde de una potente crisis terminal. Dado que el Imperio ha prevalecido durante 5,000 años, un cambio a la Comunidad de la Tierra podría parecer una fantasía desesperanzadora sino fuera por la evidencia de que un cambio de valores indican que está en camino un despertar global hacia niveles mas altos de la conciencia humana. Este despertar está dirigido en parte, por una revolución en las comunicaciones que desafía la censura de la élite. Las consecuencias de este despertar se manifiestan en los derechos humanos, de las mujeres, del medio ambiente, movimientos por la paz y otros movimientos sociales. Estos movimientos a su vez ganan fuerza del creciente número de mujeres dirigentes, las comunidades de color, los indigentes, y de un giro en el balance demográfico a favor de grupos de más edad que probablemente han logrado una mayor concienciación precisamente por la sabiduría de los mayores. Nosotros los humanos vivimos a base de historias. La clave de elegir la Comunidad de la Tierra es reconocer que el nacimiento del poder del Imperio no está en sus instrumentos de violencia física. Está en la habilidad del Imperio de controlar las historias por las cuales nos definimos a nosotros mismos y nuestras posibilidades. La lucha por controlar las historias culturales existentes define la política cultural contemporánea en los EEUU. Una alianza de la extrema derecha de plutócratas corporativos elitistas y teocráticos religiosos ha ido ganando el control de una gran parte del discurso político en los EEUU controlando las historias por las cuales la cultura existente define el camino hacia la prosperidad, seguridad e intención. En cada caso, las versiones de estas historias a favor de la extrema derecha afirman las relaciones dominadoras del Imperio. La historia de la “Prosperidad Imperial” dice que una economía eternamente creciente beneficia a todo el mundo. Para que crezca la economía, necesitamos gente de dinero que pueda invertir en empresas que creen empleos. Por tanto, debemos apoyar a los adinerados recortando sus impuestos y eliminando las normas que impiden la acumulación de riqueza. La historia de la “Seguridad Imperial” va de un mundo peligroso, lleno de criminales, terroristas y enemigos. La única manera de asegurar nuestra seguridad es a través de desembolsos importantes a favor de los militares y la policía para mantener el orden por medio de la fuerza física. La historia de “Significado Imperial” refuerza las otras dos, mostrando un Dios que recompensa a los justos con riquezas y poder y manda que ellos gobiernen a los pobres, quienes justamente sufren castigo divino por sus pecados. No es suficiente, como están haciendo muchos en los EEUU, debatir los detalles de las políticas sobre impuestos y educación, presupuestos, guerra y acuerdos comerciales en busca de una agenda política positiva. Para cambiar nuestro futuro humano, debemos cambiar las historias que nos definen. Debemos infundir la cultura convencional con historias de la Comunidad de la Tierra. Afortunadamente, las nuevas tecnologías de la comunicación están haciendo que esto sea posible. Así como las historias del Imperio nutren una cultura de dominación, las historias de la Comunidad de la Tierra nutren una cultura de asociación. Afirman los potenciales positivos de nuestra naturaleza humana. Compartir las buenas noticias de nuestras posibilidades humanas por medio de la palabra y la acción es quizás el aspecto mas importante de la Gran Labor de nuestros tiempos. David D. Korten es autor de “Cuando las trasnacionales dominen el mundo”. (Ed. Cuatros Vientos.)Artículo publicado en la revista Resurgence número 239. Noviembre - Diciembre 2006October 20 Presentes para los sentidosMe gustaría escribir sobre varios temas, pero apenas tengo tiempo entre tanta asignatura de biología, salida de campo y clase de filosofía, lo cual tiene de positivo que me encuentro siempre bien entretenida. Es por eso mi ausencia, sin embargo me gustaría actualizar el espacio con lo que para mí es un regalo para los oídos, para los ojos y para el alma, con un mensaje que transpasa cualquier frontera del mapa humano. Son canciones del cantautor que más me gusta desde hace bastante tiempo, Manolo García.
Sabrás que andar es un sencillo vaivén No estés triste
Como quien da un refresco Pájaros de barro October 13 Periplo por Grecia y Turquía
Llegamos al aeropuerto de Atenas, alejado de la ciudad y desde el que es recomendable si te quieres ahorrar dinero coger el bus y no el metro. Allí me invadió el abrumador sentimiento de pisar la tierra de aquellos que fundaron la democracia, hoy tan alejada de esos inicios, de esos primeros galanteos con la libertad del individuo de elegir quién le gobierna. También lugar en el que se cimienta la filosofía occidental, la visión atomicista del mundo, y las primeras discusiones y diálogos sobre el ser y aquello que lo compone, la naturaleza y su más profunda esencia, aquella invisible así como la perceptible. Pero para todo ello era mejor mantener los ojos cerrados, porque vista Atenas actualmente desde lo más alto, como es la acrópolis o desde el suelo, es dolorosamente gris, sucia, recubierta de una nube ocre y nada recuerda a lo que fue en su día, en la época preclásica y clásica. Dan ganas de marcharse al día siguiente y si hubiera sido por mí no permanecer ni un día, mi compañero muy a mi pesar no pensaba lo mismo. Creo que fue en aquel momento que se agrio la relación, pasando a una disputa continua de que senderos tomar en esta pequeña odisea que ahora pasaré a relatar. Será que ambientes tan decadentes me ponen de mal humor y verme encerrada en esa ciudad me disgusto todavía más.
Fue en el templo de Zeus donde pude empezar a ver la grandiosidad de lo que fue, pese a lo derruido conservaba esa sacralidad que quisieron los griegos transmitir. Ese Zeus inquieto que sonrojaría al mayor de los don Juanes de ahora, venido de las estepas y no representativo de las primigenias creencias desarrolladas en la hélade, procedentes de tierras seguramente cretenses. Durante esos primeros días conocimos gente de los hostales, dos de ellos colombianos que se dedicaban a recorrer toda Europa o aquello que pudieran durante un mes sin detenerse demasiado en lugares concretos. Quién me diría a mí que mi viaje poco después se transformaría en eso, en correr de un lugar a otro sin poder visitar los sitios que más me interesaban. Obviamente lo lamenté mucho, y poco a poco lo fui asumiendo. Un viaje es un reflejo de nuestras vidas, de cómo las vivimos; y bueno, mi caos, desorganización, y mi tendencia a hacerme ilusiones y mitificar, pude ver como se magnificaba durante éste, dándome cuenta de lo pernicioso que es eso de vivir de ilusiones. Como la misma acrópolis, uno se acostumbra a verla en las fotos llena de armonía, capaz de transportarte al pasado. Muy lejos de eso, lo único que ves es unas ruinas rodeadas de andamios y con unas vistas encumbradas por una niebla mortecina. Allí también era recomendable cerrar los ojos, yo en cambio me dediqué a fotografiar los numerosos perros que por ahí pululaban felizmente.
Marchamos hacia Tesalónika al cuarto día, confiando en que en el norte hallaría algo mucho más verde y vivo, optando por el momento no ir a Turquía, decisión que en determinado momento volvió a torcer su rumbo, deparándonos allí lo mejor del viaje. Si Atenas era gris y plena de asfalto, Tesalónika la superaba con creces, la contaminación casi podía respirarse debido a las cercanas fábricas, estaba horriblemente descuidada y hasta las ruinas tenían basura. Al poco rato, y por primera vez de acuerdo, decidimos no quedarnos ni una noche en tal ciudad. Antes de marchar con el barco hacia Chios, visitamos el puerto, para ver así una parte de la bahía con su famosa torre blanca, que como no, no era de tal color. Tuvimos la oportunidad de contemplar el puerto marítimo en el cual parece acumularse toda la basura del mediterráneo, de aguas tan oscuras y sucias que los peces parecían querer tomar aire de la superficie, diría que esa era su intención. Hice fotos y os lo demostraría, pero son parte de las que se borraron, junto con las de Delfos, Éfeso y Mitilini. Numerosas botellas de plástico flotaban acompañando una barca de madera abandonada que le daba algo de belleza a esas aguas.
Tomamos el barco rumbo Chios, viaje en principio de 16 horas, que como tantos otros se torció, esta vez por culpa nuestra al estar Uriol dormido y yo en un estado de vigilia cuando el barco llego a la isla. Terminamos en la isla próxima, Lesvos o Mitilini. Digo como tantos otros porque al igual que nos quedamos sin ver el Peloponeso más que a lo lejos, sin visitar Santorini (Thera) y su famosa caldera volcánica, así como sus restos minoicos, dado que el barco se averió. Tampoco pudimos ver tracia, sus lagos y montañas, ya que apenas había alojamientos, y todos ellos caros por lo que nos dijeron. Llegamos a Mitilini cansados, tras haber pasado siete largas horas esperando en una estación de tren, durmiendo en éste y sus duros asientos, caminando cargados con las maletas por tesalóniki y finalmente durmiendo en un barco, en principio más acogedor y cómodo que el tren originalmente grafitteado. Bueno, pudimos disfrutar de contemplar desde él una tormenta sobre la ciudad que dejamos, con nubes que parecían pinturas de un cuadro romántico tachonando lejanas montañas, sin darnos cuenta que nos llovían cenizas de la chimenea del barco, ejem. Creo que pocas veces había echado tanto en falta una ducha, fuera esta un cubo de agua fría o a la turca, esto es, sin cortinas ni rebordes en el suelo. Las gaviotas nos acompañaban mientras zarpábamos, era entretenido verlas sobrevolar el mar y acercarse sin temor.
Lesvos era una mezcla entre Grecia y Turquía, sus gentes son muy hospitalarias y te abren la puerta al continente vecino que nosotros en poco tiempo conoceríamos. Su castillo próximo al mar, aunque derruido conquistaba la vista, sus colores contrastaban con el turquesa de unas aguas que me recordaron la majestuosidad del mediterráneo cuando el hombre no ha dejado su huella. La dueña del hostal nos ayudo a orientarnos, era una señora muy amable que pasaba el día cuidando de la casa y el jardín. Decidimos aprovechar el poco tiempo del que disponíamos para ver más de cerca las ruinas del castillo y el teatro romano. No fue muy buena idea, nos pilló la lluvia y no parecía dispuesta a amainar, al contrario, parecía ir arreciando cada vez con mayor intensidad y los pinos eran una pobre protección. Unos del pueblo nos abrieron la puerta de su casa para que nos pudiéramos refugiar. Aun sin entendernos demasiado, no pudimos más que agradecerles su amabilidad, que iba a ser la primera de las sorprendentes costumbres que iríamos vislumbrando en estas tierras. Siempre he valorado la confianza, ojala abundaran más las personas sin temor a quiénes desconocen.
Embarcamos a la mañana siguiente rumbo Dikili, pueblo costero turco desde que era fácil dirigirse a Izmir y posteriormente a Selçuk, sin ser necesario pasearse por la austera Izmir. Hubiera querido aprovechar para visitar Pérgamo (Bergama), una de las ruinas más famosas de Asia menor, y pueblos costeros más conservados, pero el tiempo como siempre corría en contra nuestra, o más bien no supimos tomárnoslo con más calma, aunque si hubiera sido por mí nos hubiéramos arriesgado. Tomamos un dolmuç (bus-taxi propio de turquía) que parecía esperarnos, cualquiera diría que lleváramos un cartel colgado preguntando por Selçuk. Los turcos desde el primer día tan atentos. Arribamos al fin a Éfeso, allí donde por fin encontraríamos la tranquilidad y mejor compañía, un remanso de paz rodeado de olivares y pinares. Parte de esa agradable compañía fue un gatito del que no me separaba cuando estaba en el hostal, confiado, juguetón y cariñoso, un día se dedicó a relamerme al cara como si fuera su madre. Éfeso es tierra y altar de mi diosa favorita desde muy niña, Artemisa, Potnia Theron, o lo que es lo mismo, señora de las bestias y de los bosques. Es más recordada como diosa de la caza y una de las caras de la luna, pues aparece en la memoria de la mayoría con su otro nombre, Diana, armada con su arco, un carcaj y vestida de cazadora. Pero la diosa primitiva no era así, era similar a Cibeles, diosa frigia, rodeada de animales salvajes, leones y aves entre muchos otros, representación de la Madre Tierra, y por ello numerosas veces confundidas, siendo madre e hija para los griegos y romanos, como si una heredara el trono de la otra. No hay que olvidar que Rhea/Cibeles, también usurpo el lugar de Gea/Gaia. Hoy en Éfeso a quién se adora y venera en la actualidad es a la Virgen María, que curiosamente conserva muchos atributos de Artemisa, y no casualmente, pues si en Anatolia costó instaurar las nuevas creencias es porque el culto a la Diosa Madre estaba demasiado arraigado, y que mejor solución que colocar a la Virgen cristiana. Basta deciros que se dice que allí murió María, yo sospecho que eso es una falacia y puro sincretismo. El hostal estaba a las afueras de Selçuk y por ello se podía disfrutar de la compañía de numerosos perros y gatos, y de una suculenta comida hecha con alimentos cosechados en las proximidades. Las ruinas de Éfeso están asombrosamente bien conservadas, se podría decir que el viaje en sí valía la pena sólo por ese traslado al pasado que suponen, rodeadas de montañas que te enamoraban aun más del lugar. Ya no hay ninguna señal del río que inspiró a Heráclito y pese que antiguamente diera al mar, con su propio puerto y dos agoras, los sedimentos en colaboración con la mano humana han hecho retroceder kilómetros las aguas del Egeo. Imagino que en cuanto paisaje es muy distinto a como fue, sin embargo al naturaleza está en continua transformación y cambio, sin necesitar siempre de la ayuda del hombre, éste sencillamente acelera los cambios. Por último, otra cosa que me llamó la atención de Éfeso fueron sus estatuas, todas mujeres y musas, sobre todo frente la biblioteca de Celso. Curioso; o no.
Nos ofrecieron visitar Pamukkale y si nos veíamos con tiempo la capadoccia, pero por desgracia ese viaje no pudo realizarse, de nuevo el tiempo no era suficiente para verla en profundidad y era un gasto de dinero demasiado desorbitado para estar tan solo un día. Es uno de los lugares que tengo pendientes cuando regrese a Turquía. A Pamukkale sí que fuimos, y todavía me estoy arrepintiendo. Uno más de los paisajes únicos que ha sido degradado y destruido por hoteles y una mala gestión, con un total descuido de aquello que se debía preservar por sí mismo, o en todo caso en idioma monetario y de homo economicus, si se pretendía atraer divisas extranjeras. Menos mal que los turcos han sabido actuar a tiempo, demoliendo la mayor parte de los hoteles y prohibiendo el paso por muchas zonas. Sin embargo, el encanto no lo ha recuperado. Supongo que habrá que esperar unas décadas para que recupere su antigua belleza. Regresamos a Selçuk y aprovechamos para visitar la cueva de la virgen, 7 km a pie, para ver si quedaba algo del ancestral culto, cosa que no fue, encima te cobraban por la entrada. Al menos el recinto estaba muy cuidado en cuanto vegetación y el aire tenía ese agradable perfume a tierra húmeda; soy así de rara y todo lo que es verde me calma y le doy preponderancia por muchos del Opus dei que por allí pasearan. Por la tarde de ese mismo día visitamos el pueblo griego de Syringe, recordatorio de cuando griegos y turcos no tenían tantos problemas para compartir el territorio. Era una villa preciosa, de casas blancas, y caminos de piedra con mujeres ancianas que vendían aquello que ellas mismas elaboraban. Conservaba un encanto que da lástima que algún día por el exceso de turismo se pueda perder. O quizá no, me recordó a Valldemossa en la Tramuntana de Mallorca, que pese al turismo conserva muchas de sus costumbres con un crecimiento de la urbe muy controlado. Fue el primer lugar en el que me paré a comprar regalos.
Finalmente tomamos rumbo a Estambul. No siento normalmente especial interés por las ciudades, las prefiero como lugares de paso, sin embargo Estambul tiene algo que te hace verla distinta al resto. Creo, y diría que sin lugar a demasiadas dudas, es su historia. Ciudad de encuentro durante siglos entre Oriente y Occidente, de comercio bien entendido e intercambio de saberes, religiones y culturas. Apenas bastaba dar unos pasos para ver todos o casi todos sus monumentos, haciéndose el transporte público innecesario salvo para la torre Gálata, al estar al final de una calle muy empinada, más de lo que lo estaban un gran número. Sí, era algo que caracterizaba esta gran ciudad que alberga más de 20 millones de habitantes, cuestas y bajadas pronunciadas, como si la tierra allí debajo estuviera viva. Al fin y al cabo es una ciudad que ha tenido que soportar numerosos seísmos desde sus más lejanos orígenes, como toda la península de Anatolia. Baste deciros que como explica el National Gerographic de este mes, la Cappadocia está hecha de materiales volcánicos como la toba, expulsados durante miles de años, moldeados y esculpidos por las corrientes de agua y la consiguiente erosión, conformando un paisaje único. Toda la tierra emergida del planeta es de origen volcánico, pero no todos los lugares son igual de activos, y lo más cercano a Europa en cuanto a actividad geológica palpable, al enfrentarse tres placas, es Turquía, donde la madre tierra duerme y despierta con recurrencia.
Turquía es el único país de mayoría musulmana, que debido seguramente a su laicidad permite entrar a las mujeres en las mezquitas. Por supuesto no desaproveché la ocasión. Entramos únicamente en la mezquita azul, y si hubiera sido por mí hubiera visitado alguna más. Son emplazamientos religiosos impresionantes, y así como iglesias y catedrales en mí despiertan un vago interés, las mezquitas tienen un atractivo especial. Creo que es porque no hay representaciones humanas, todo es arte arabesco, con formas vegetales, símbolos y suras del Corán en alfabeto árabe.
Nos venden la imagen de que todos los países musulmanes son como los de la mayor parte del norte de África, y península arábiga, que marginan hasta el extremo a la mujer. Eso está muy lejos de la realidad, cada país es fruto de su historia y los musulmanes se asentaban sobre culturas anteriores, y si queréis cabrear a un turco o un iraní, llamarle árabe. Sus gentes, quitando excepciones, son la mar de hospitalarias y tratan incluso mejor a las mujeres que a los hombres extranjeros; la cordialidad es su principal norma de conducta, dispuestos a ayudarte en muchas circunstancias. Tengo incluso algunas anécdotas divertidas, como un día que me cayó un racimo de uvas por la calle y un conductor se detuvo ofreciéndome el suyo. Quedé alucinada, estuvo tanto rato con el racimo en la mano que decidí aceptarlo. Será que tengo pinta de mendiga, no sé, porque al día siguiente un vendedor de churros que no entendía el inglés, cuando le pregunté de comprar uno de sus churros, al no comprenderme se acerco a mí cuando me alejé y me regalo medio. Increíble. Como siempre los más pobres y necesitados, son los más dispuestos a ser generosos. La pobreza se percibe en sus calles al pasearte y ver niños vendiendo lo que sea con tal de ayudar mínimamente en la economía de sus familias, cuando tendrían que estar estudiando o en el colegio, o sencillamente jugando. Había ancianos también buscándose la vida en las calles, ofreciendo cualquier producto imaginable. En Estambul puedes a cualquier hora del día comprar lo que sea, encuadernar, plastificar lo que necesites o bien tomarte un platos de pescado frito a las tantas de la madrugada. No parece existir el horario de cierre y descanso, las tiendas y los puestos ambulantes están a cualquier hora a disposición de los clientes y la vida en las calles bulle a todas horas. Será que la televisión y la vida cerrada en el hogar típica de occidente no logra conquistar a los musulmanes, pues por lo que me han dicho ocurre igual en otras ciudades como El Cairo y Marrakesh.
Después de tantos días deseaba regresar a mi isla, tenía nostalgia pues me parecía llevar mucho más tiempo fuera del que realmente era. Aunque al final el viaje había mejorado bastante y mi compañero y yo nos entendíamos un poco más o al menos discutíamos con menos frecuencia, la morriña siempre está ahí. También tenía muchas ganas de hablar (o como se dice en mi tierra, molta xerrera), el inglés nunca se me ha dado bien, debo mejorarlo y pulirlo bastante, con lo que apenas podía mantener algo parecido a una conversación. Baste decir que de camino al aeropuerto de Barcelona, conversé con tres personas, dos de ellas completamente desconocidas, jejeje.
De esta odisea he aprendido más que disfrutado, para próximos viajes. Encantada volvería a Turquía, a Grecia no tanto, sólo si pudiera disponer de transporte propio y así ver más rincones. Si se depende del transporte público es casi imposible conocerla, eso sin contar que es caro y con horarios pésimos. Ahora, a ahorrar para el próximo viaje!
October 07 Pequeños frutos del meditar y reflexionarEn clase de filosofía se nos dijo que reflexionaramos contemplando una planta, la que quisiéramos o llamara nuestra atención, abstrayéndonos de todo lo demás. Tres ideas fluyeron por mi mente mientras la observaba procurando aprender de ella, escuchando lo que me podía enseñar: Mostramos muchas veces a los demás nuestra apariencia externa amarga, gris y bordeada de espinas para protegernos, proteger al ser puro que llevamos dentro por miedo a que nos hagan daño, por miedo a desagradar, por los juicios que puedan emitir y herirnos. Esa coraza que de nada sirve, pues si somos lo que en verdad somos, esa luz es indemne pues nace del interior. Todo nace del centro y vuelve al centro, al Ser, como la savia al fluir por las hojas. Volviendo al centro, a nosotros mismos, nos reencontramos. Podemos ser nuestra propia luz.
Mientras meditaba logré dejar fluir mis pensamientos, el dolor y los sentimientos, acabando con el estancamiento que se había creado en mi interior, la angustia de mi alma que no soportaba más no poder canalizar de algún modo el dolor atrapado. Vi una flor blanca rodeada de luz abrirse y cerrarse lentamente como una onda del mar. Me transmitió paz y armonía, fue tal la relajación que se me derramaron unas lágrimas, aquéllas fruto de no haber querido ver la realidad, de haberme cegado en una ilusión hilvanada de ensoñaciones.
Escrito del que me he acordado leyendo la revista namaste. Hay un vínculo a la revista aunque no se vea (tanto cambiar el formato para volver al inicial U_U). Por desgracia no me acuerdo con exactitud de lo que dijeron mis compañeros, todas ellas reflexiones de gran valor. Recomiendo que aprendáis a buscar momentos de relajación para meditar y reflexionar, no hay nada más terapéutico. No os harán falta pastillas, os ayudará a confraternizar con vosotros y los que os envuelven a diario, y a realizaros como personas, cosa que no hace ascender en la pirámide laboral. Salud y muy buenas vibraciones! October 04 La deuda de los bancosNos encontramos ante una crisis, eso es casi indiscutible. Pero de lo que no ha de caber duda tampoco es sobre su previsibilidad, en algún momento el sistema tenía que topar con un límite, y más que irá hallando a lo largo del camino. ¿Os habéis preguntado alguna vez el porque de la inflación o subida in crescendo de los precios y los productos incluso básicos? ¿por qué la burbuja inmobiliaria, las imposibles hipótecas con pagos en vista hasta 40 años? ¿como se generan deudas en países tan exorbitantes que acaban pagando éstos sólo los intereses y nunca llegan a poder sufragarla?. Obviamente para cada tema habrá varias respuestas, pero se hace necesario sumergirse en busca del leiv motiv, que motor las ha movido, quiénes lo están planificando y se benefician, pues son pocos, muy pocos. De esto se han encargado un grupo liderado por Enric Duràn, que con sólo 32 años ha estafado a un gran número de entidades bancarias, evadiendo el pago de unos préstamos sustanciosos y con ello ha podido publicar el periódico CRISI, panfleto de denuncia contra los organismos de poder más influyentes que siempre quedan a la sombra: los bancos.
Es sobre todo la difusión y el alentamiento a la protesta generalizada, lo que les ha impulsado a escribir este original periódico, sin descubrir realmente nada que no se supiese; su merito está en que están logrando dirigirse a un gran número de la población. Él no ha trabajado solo, personas comprometidas han decidido que ya es hora de llegar a la acción, todos somos responsables y como ya dije en una entrada reciente, podemos hacer mucho más de lo que pensamos en este asunto, así como muchos otros. Crisis significa cambio en etimología griega, transformación, y ahora tenemos la oportunidad si abrimos los ojos a un sistema fallido que se sustenta en nuestra ceguera de hacernos creer libres, de tomar las riendas, la propia codicia de los poderosos les está hundiendo y no podemos permitir que esa misma corriente nos arrastre, hay alternativas a las que anclarnos y movilizaciones que tienen cada vez más solidez. Una de ellas sale en su interesantísima web: www.17-s.info, consistente en crear una lista de personas dispuestas a retirar el dinero que tienen ahorrado en su banco, hasta llegar a un 20%. Una vez se alcanza ese porcentaje o uno mayor, establecer una fecha a través de la cual todos a la vez retiremos el dinero. Muchos ante el miedo de perder sus ahorros aún sin haberse sumado a la iniciativa también retirarían sus ahorro... a saber las consecuencias que podría tener eso. Esta y otras propuestas aparecen en la web, está me ha llamado la atención porque suena descabellada, sin serlo tanto en realidad.
|
|
|