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December 15 La deuda ecológica ¿Quién debe a quién?Este libro nos abre una puerta para poder comprender la desigualdad Norte-Sur por la falta de reconocimiento y responsabilidad de una Deuda ecológica contraída por los países occidentales con los países no industrializados, en contraposición con la Deuda externa tan reclamada por los bancos internacionales con sus sedes en EE.UU. y Europa, es decir representante de los países ricos y expoliadores. La Deuda ecológica en el idioma monetario de estos grandes prestamistas que siempre buscan un apreciable beneficio (sustancioso) sería la deuda adquirida por los daños ambientales y sociales ocasionados por la exportación, valorada en dinero, en ocasiones difícil de establecer pues no todo daño causado es retroactivo o reversible, hay irreversibles como la pérdida de biodiversidad y de vidas humanas. Son reversibles la biopiratería o apropiación intelectual de los conocimientos relacionados con las semillas agrícolas y uso de plantas medicinales sobre las cuales los laboratorios exigen derechos de autor como si al vida fuera una creación única de las industrias, sin dar nada a cambio a las poblaciones locales que una vez patentada la semilla dejan de poderla vender en el mercado, perdiendo su medio de subsistencia. Esa riqueza biológica de la que son guardianas las poblaciones indígenas se le debería asignar un valor, que las empresas interesadas tendrían que pagar para poder apropiarse, basándose su legitimidad en que pertenece a estas culturas que han desarrollado y conservado ese saber durante cientos de años. No tan reversible es la destrucción de los bosques tropicales, las externalidades causadas por las empresas mineras y petroleras, o pasivos ambientales que sin compensación de ningún tipo contaminan las aguas y la tierra, llevándose sus nutrientes, dejando a los indígenas con una tierra despoblada y sin medios para reparar el daño, cuando debería ser obligatorio evaluar el coste para restituir la zonas, consiguiéndose así además que previnieran ese impacto. Por último reclamar la deuda del carbono, más exactamente una justicia distributiva en cuanto los derechos de emisiones de gases contaminantes que incluye una justicia ambiental en la que los países ricos tienen una responsabilidad histórica debiendo involucrarse como consecuencia más intensamente en la lucha contra el cambio climático. Finalmente el pago del daño que supone la exportación de residuos tóxicos de los países industrializados a los que no tienen normativas sobre la salud ambiental y social. Es una crisis ecológica ante la cual las políticas para enfrentarla sólo quedan en discursos y promesas falsas, vacuas. Esta crisis es causada principalmente por el sistema económico actual que expolia recursos a una velocidad no pareja a la velocidad de regeneración de la naturaleza. El impacto ambiental y daño a terceros que no reciben recompensa o muy exigua tras la trasgresión recibe el nombre de externalidades, algo así como efectos colaterales según el sistema capitalista económico, aunque más bien son una consecuencia central del sistema. No es la magnitud del impacto ambiental lo más relevante, sino saber sobre quién recae la responsabilidad, pues pese lo que se nos hace creer no son los países pobres los principales actores, pues os pregunto ¿Quién es más culpable? el gobernante corrupto o las empresas corruptoras que eligen quién ha de dirigir esos países con sus campañas? Las petroleras no permitirían fácilmente que se les privara o prohibiera extraer petroleo por muchas externalidades que puedan provocar. Para los indios U’wa y otras tribus esas perforaciones son una violación del cuerpo sagrado de la Madre Tierra, la pérdida de su futuro, es como si los mataran a ellos mismos. Texaco y otras empresas como Elf, Repsol basta con compensarles económicamente. Las causas de todo esto hay que indagarlas en la aparente asepsia y pulcritud de los países industrializados y su consumo desmesurado. La Deuda ecológica se explica como esa contribución desigual a la crisis ambiental global donde el Sur padece las peores consecuencias, desde el cambio climático hasta el deterioramiento de los suelos y ser el lugar de abocamiento de los residuos tóxicos de las grandes industrias. Es gracias al Sur que Europa y E.U.A. progresaron tanto y es el momento de hacer justicia, justicia ambiental e histórica, pues el perjuicio social es invaluable, quién sabe lo que cuesta una vida, tan difícil como recobrar la biodiversidad, purificar la atmósfera o descontaminar un río. En definitiva esta deuda ecológica pone en entredicho la legitimidad de exigir la deuda externa mientras se ignoren el resto de deudas existentes. Es un mecanismo de lucha contra la pobreza y en consecuencia del impacto ambiental, ambos muy unidos como un Todo, como los conflictos que esta misma pobreza genera.
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