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August 06 Tierra de sueños, OuzoudEn el país de los sueños, magia a imaginación toman forma. Tierra en la que se siguen los ritmos marcados y orquestados por el sol, tanto en el comercio como en el quehacer diario, son las horas, el reloj y el control del devenir asunto de este equitativo astro y de las distantes estrellas. Los hombres son de alma nómada, viven felices al sentirse satisfechos con lo que tienen, cubiertas sus necesidades pocas cosas más pueden querer. Son como los planetas, aquellos viajeros del firmamento de falso errar perpetuo, anclados en su pasado hacedores del presente.
En este país todavía existen duendes, seres libres, que no necesitan más que los árboles, esa vegetación imperturbable frente el paso del tiempo, la luna que alumbra sus dulces y amables rostros, y las estrellas, para sentirse felices. Buscan la sonrisa de aquellos que les envuelven, deseando aprender de ellos, aprovechando cada instante, constructor de la existencia, para estar en compañía de los visitantes que aparecen en sus vidas, siendo la suya propia el mejor regalo que uno puede merecer.
Es su cultura un elemento por el que profesan gran respeto, así como su dignidad lo que tienen por más valioso. Valores como la lealtad, el respeto a la palabra dada a los compromisos o a los códigos morales, el coraje, la generosidad, la hospitalidad, están profundamente arraigados y hunden sus raíces en una larga historia donde el individuo no es apenas nada sin su comunidad. Un compartir desde el alma lo poco que poseen para así no atarse a ello. Orgullosos se sienten de tener una identidad propia tras 10.000 años de haberla ido forjando entre invasiones e intercambios de saber. Imazighen se autodenominan, gente libre y noble significa, bereberes o bárbaros lo llamaron los latinos y así quedó su nombre durante siglos. Creen en una gran alma, viendo que más que poseer una, pertenecen a una que es más que la suma individual. El sol rige sus días, la vegetación silvestre da dé comer a su ganado, y una sencilla agricultura les autoabastece. La tierra libre les concede medicinas y utensilios, así como materiales para elaborar sus cestos de mimbre. No han perdido la conexión con la Tierra, a la que aman y lo demuestran no abusando de lo que les ofrece. Si permitimos que nuestra alma viaje a los orígenes de estas tribus ahora dispersas podremos vislumbrar cuando fueron una, la cual fragmentada sin remedio por la desecación del Sahara, condujo a que fueran recluyéndose en montañas, cordilleras y allí donde hubiera cursos fijos de agua, mientras otros como los Tuareg marchaban al desierto para continuar con las rutas de comercio entre el África negra y la tierra que ellos llaman Tamazgha.
Los Tuareg son guerreros nobles, su norma es la hospitalidad y la palabra es ley o verdad, con lo que no comprenden que se pueda faltar a ésta. Se orientan admirablemente haciendo uso de una brújula sencilla y de sus conocimientos de las constelaciones que coronan el desierto. Dormitan en casas nómadas construidas únicamente con ramas y pelaje de camello o cabra, las jaimas. Dejar la tierra tal como la han encontrado fue su norma durante siglos Es así para todos los amazigh (vínculo) que aun continúan con su nomadismo, que por desgracia va desapareciendo como todo lo ancestral que no sigue los dictados de lo impuesto. Un nomadismo que subtribus ya hace miles de años tuvieron que abandonar. La brújula es bivalente, instrumento para guiarse durante el día y la noche, así como un arma de cortante filo. Su forma es en cruz cuando evoca las energías masculinas, y convexa semejando la luna cuando expresa las energías femeninas que hay en todo ser, pues allí hombres y mujeres cuidan de ambas para encontrar armonía en su interior, sin bloquear aquello que el propio cuerpo posee por naturaleza.
En el país de los sueños la paz inunda todos los rincones, puedes escuchar a la Naturaleza y comprenderla con cierto discernimiento, no necesitas el lenguaje tal y como fuera de ese mundo se entiende, basta con estar en silencio y sencillamente atender, en esos momentos si tú hablas las palabras fluyen sin atropello, sintiéndote como parte de lo que te rodea, saber y sentir se funden en uno solo. Los enigmáticos mensajes del cosmos son claros como las aguas de un río pues nada enturbia la tranquilidad allí reflejada. Lo superfluo, las preocupaciones diarias más allá del que comer y donde dormir, no tienen cabida en esta tierra, vivir con lo necesario sin ansiar lo que no posees te da la libertad, donde los demás tampoco te valorarán según lo que posees sino por lo que eres y la amistad surgida en el tiempo por vivencias compartidas. Que más da si solo han sido sonrisas o una corta conversación, allí todos se sienten uno y el único obstáculo que puede aparecer es faltar a la palabra expresada.
En este país te das cuenta de la banalidad de muchas costumbres sociales, como vestir cada día distinto, la comunicación a través de máquinas en lugar del frente a frente, donde el lenguaje corporal emprende su gran papel, ocurriendo menos malos entendidos. Más nimio es estar tan atento al físico, allí es lo que más les choca de nuestro mundo, opinan que la mujer no es respetada pues parece primar lo estético frente lo que ella en verdad sea por dentro. A veces pareciera que solo somos un cuerpo y poco más, idem con los hombres en al actualidad. Ojala fuera más importante aceptarse como cada uno es, sin preocuparse por lo que otros piensen, sin tantos prejuicios sociales y obsesiones que no hacen más que daño y que son en muchas ocasiones la raíz de problemas mayores. Nuestro aspecto es reflejo de cómo nos sintamos por dentro, sin estrés no hacen falta ni cremas, la confianza embellece cualquier rostro, aunque solo sea dando un brillo distinto a los ojos y la expresividad de los labios. Falto de ansiedad, te das cuenta que comemos mucho más de lo que nuestro
cuerpo naturalmente nos pediría, que una cantidad importante solo sirve para
llenar un vacío que no queremos reconocer, que nos angustiamos por sin sentidos
que solo nos roban nuestras fuerzas de seguir adelante viviendo en el presente.
Allí llego a desaparecer mi dolor de espalda, de cabeza y de ojos, diría que esas cascadas eran curativas como a veces dicen de
muchas fuentes, y quizá la causa sea esa, una terapia silenciosa de estar en paz. Allí enraizó mi ser, en cierto modo me sentí como en casa. Confío en regresar. Inshallah! Del viaje ya hablaré en otra ocasión, pues de él guardo muy buenos recuerdos tanto por la compañia como por lo que visitamos. También del tema de la mujer en Marruecos así como en otros países musulmanes, para desmitificar un poco, pues no todo lo que se cuenta es cierto. Las fotos creo que se pueden ver yendo a esta web: Sueño Ouzoud P.D.: No estoy contenta con lo escrito, bastante me ha costado publicarlo. Será quizá la falta de entrenamiento. Comments (13)
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