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    August 21

    La tragedia de los comunes (I parte)

    El análisis de los derechos de propiedad y gestión de recursos sería más fácil si la terminología no hubiera estado algunos años en un estado de confusión como resultado del artículo de Garrett Hardin, La tragedia de los comunes (1968). El espacio de parqueo de automóviles en las calles de Santa Bárbara, California, todavía no estaba regulado en 1968, y Hardin, que vivía allí, erróneamente afirmó que esta situación de acceso abierto podía ser descrita como un “bien comunal”. No hay excusa para el error de Hardin, la palabra comunes es harto conocida por la población en general, incluyendo biólogos. Por ejemplo, los famosos Comunes de Boston de Boston es un área compartida por una comunidad de acuerdo a ciertas reglas. Los ataques a los bienes comunales con argumentos de eficiencia económica han sido parte de la dieta capitalista por tres siglos: la magia de la propiedad privada tornaría la arena en oro, escribió Arthur Young. El nuevo giro de Hardin fue atacar a los mal llamados “comunes” por el mal manejo ambiental.

     

    En su artículo, Hardin discutió únicamente dos situaciones: (1) el acceso abierto (que el falsamente llamó comunes) y (2) la propiedad privada. Una mejor clasificación de las formas de propiedad sería: (1) acceso abierto, (2) propiedad comunitaria, con reglas de uso para los miembros, (3) propiedad privada, y (4) propiedad estatal. Hay también otras formas, tales como la propiedad municipal, cuyos efectos en el manejo de recursos deferirán grandemente dependiendo del tamaño de la ciudad y su actividad económica.

     

    Hardin llamó la atención en su artículo sobre un fenómeno que realmente existe en situaciones en las cuales hay acceso abierto o libre acceso a los recursos, como en el caso de la caza de ballenas en alta mar en ausencia de regulación internacional. Desde un punto de vista económico no habría incentivo para conservar las ballenas, no sólo con vista a futuras generaciones, sino incluso a la presente. Si el ingreso adicional obtenido es mayor que el coste adicional, esa ballena será atrapada.

     

    Según Hardin, la situación de acceso abierto era frecuente y al mejor cura sería la privatización de los recursos (o estrictas regulaciones estatales). La privatización alentaría a los amantes de las ballenas a superar en el mercado las ofertas de los asesinos de ballenas. Para Hardin si la población crece, los recursos de acceso abierto serán cada vez más explotados. La ganancia individual llevaría a la miseria colectiva, no sólo en las generaciones venideras sino incluso en la actual. Uno no puede más que estar de acuerdo excepto que él erróneamente llamo comunes a los recursos de acceso abierto y puso más énfasis en el crecimiento poblacional que en la presión del mercado. El propio gran crecimientos de la población podría interpretarse como la tragedia de los comunes, ya que el coste adicional para los ecosistema de un niño/a, era escaso para al familia en la cual nacía. La única consideración para la familia sería el coste de mantener el niño/a y este coste, por otra parte, pronto se volvería un beneficio en el caso de las familias pobres, cuando fuera enviado a trabajar.

     

    El famoso parrado del artículo más conocido de Hardin “Imaginemos un pasto abierto a todos…”. En tales circunstancias, como en la pesca en mar abierto, cualquiera puede estar interesado en poner una vaca o una oveja extra en la tierra de pastos, porque los costes ambientales serán padecidos por todos en forma de degradación del pasto a causa del sobrepastoreo, mientras que el ingreso de engorde de la vaca o de la oveja extra, y al leche o la lana, serán solo para su propietario. La pregunta ahora es ¿Dónde esta ese famoso pasto abierto para todos? Hubo acceso abierto en América después de 1492. Elinor Melville explico en su brillante historia ambiental y social del Valle de Mezquital en México, como el número de ovejas aumentó y el número de Otomíes disminuyo hasta el número de ovejas también disminuyo drásticamente debido al efecto de tal irrupción de ungulados en la calidad de los pastos. Un valle agrícola irrigado se convirtió casi en un desierto.

    En la propiedad comunitaria, todos los propietarios tienen el derecho de usar el recurso natural, mientras que los que no son propietarios son excluidos de su uso. Puede pasar que en situaciones de propiedad comunitaria  se abuso de los recursos si las reglas no son respetadas. Puede ser que la comunidad se vea cada vez más involucrada en una lógica comercial en detrimento de la lógica de valor de uso y por tanto la producción para exportar presiona sobre los recursos, lo que se añade a la creciente presión demográfica. Las formas de propiedad coevolucionan de acuerdo  con las circunstancias sociales y ambientales. En muchos casos, las comunidades humanas han inventado sistemas para el manejo comunitario de los recursos. De este modo cuando el agua de los acuíferos se vuelve escasa, quizás dejará de ser de acceso abierto. Según el poder de los diferentes grupos, el agua podrá llegar a ser de propiedad privada o comunal.

    Todavía recuerdo la primera vez que escuché que el agua era de acceso ilimitado, que no se pagaba por su consumo, sencillamente no daba crédito. Considero que el municipio debería adjudicar una determinada cantidad a cada hogar, teniendo en cuenta las necesidades, y prohibir de esta manera el abuso que se lleva a cabo. Obligar incluso a los agricultores a controlar el gasto, dado que el daño a la tierra lo terminamos pagando todos los seres vivos.

    Como argumentí Hardin, es de hecho cierto que la propiedad privada hace que los costes de la excesiva explotación recaigan sobre el propietario, quien lo comparará con su ingreso privado. Ahora bien, debería haber advertido que si hay una asimetría temporal entre los costes y los ingresos, como usualmente ocurre, es decir. Si la ganancia es en el presente y loa costes son en el futuro, entonces la propiedad comunitaria es un mejor sistema. Una propiedad dura más que una compañía, un propietario privado o una familia.

    En la práctica, sin embargo, encontraremos muchas situaciones diferentes. Finalmente, con respecto a la propiedad estatal, su influencia sobre el manejo de recursos naturales dependerá de la lógica que se aplique. Si el estado como propietario deja tales recursos en manos comunitarias para que apliquen su propia lógica de uso (como en el caso de los manglares usados sustentablemente por grupos locales), la situación diferirá de aquella en que un estado directa o indirectamente (a través de concesiones administrativas a empresas privadas) aplica uja lógica comercial a la explotación de los recursos.

     

     

    Digamos que este autor logra girar la tortilla, y acusa a los capitalistas con su propiedad privada de agotar las tierras y dejarlas únicamente a disposición de unos depositarios que en ningún caso las merecen. Nada más cierto.

    Aún así comete errores, porque no es cierto que siempre lo de las propiedades comunitarias haya funcionado, pues medir por ejemplo el sobrepastoreo es algo harto difícil. Solo te das cuenta cuando ya no hay mucha vuelta atrás. O al menos antes así era y por ejemplo en ganadería ecológica miran de establecer un límite, aunque yo diría que demasiado homologado para algo tan variable como el suelo. La II parte será en torno la industria camaronera y los manglares, dado que sirve como buen ejemplo.

     

    El texto lo he extraido del libro El ecologismo de los pobres de Joan Martinez-Alier, el cual recomiendo a cualquier interesado en la economía ecológica y la justicia social.

     

     

     

     

    Comments (2)

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    Hmm... nunca había reflexionado sobre este tema. Hay puntos de vista interesantes a los que creo que debería darles un par de vueltas. Como siempre, visitarte es de mucho provecho.

    Saludos!
    6 Sept.
    Zaratustrawrote:
    Interesante artículo.La tragedia real de nuestro planeta,la tierra...entre todos la estamos agotando y llevando a la destrucción total.Urge un cambio de mentalidad en el que las ganancias no sean lo fundamental, y dejemos de explotar los recursos que disponemos (cada día más excasos).Necesitamos un control sobre el derroche consumista,junto a una nueva ética futurísta,si queremos que nuevas generaciones puedan continuar la vida sobre la tierra.
    No es una broma catastrofísta...es una realidad que hay que afrontar con seriedad,, y un gran sentido de la responsabilidad.
    Abrazos ecológicos.
    6 Sept.

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